Historia
El Liceo de Educación Media, creado en el año 1939, con el nombre de Instituto Cervantes, por un grupo de refugiados españoles entre los que se encontraban Tiburcio Millán López, Francisco Hurtado, Lorenza de Soriano, Eugenio Segoviano Rosa Agramonte Jimarisch.
Este centro educativo se inició en la calle Francisco Richiez Ducudray N°. 09, hoy en día alberga a la “ Protectora la Altagracia”.Podemos hacer mención de los nombres de los graduandos de la primera promoción que fue realizada en esta institución, la cual estaba compuesta por:José Quezada, Francisco Richiez, José Cabrera, Belén Bobadilla, Lidia Pérez, Ligia Adames, Máximo Pereira, América Garip, Eugenio Sánchez, León Turvides, Anita Lama, Elizardo Dickson y Reina Athel.En el año 1945 este Instituto fue oficializado por la Secretaría de Educación (actualmente Ministerio de Educación), iniciándose en ese entonces con el nombre de Liceo Arístides García Mella. El cual fue trasladado hasta hoy en día a la calle Gregorio Luperón N°. 59 de esta ciudad de La Romana.En el proceso de la traslación del plantel a la calle ya mencionada, se pudo lograr una planta física, la cual alberga unos 3,521 Alumnos en sus tres tandas impartidas diariamente, lo cual es satisfactorio y de mucha ayuda para muchas personas de escasos recursos y otras precariedades, muchas veces por falta de tiempo, y gracias a esta instalación tienen la oportunidad de prepararse en lo que es la educación, para así tener un mejor futuro y claro esta para un mejor desempeño en la sociedad en que vivimos, ya que la educación y el conocimiento de está y sus derivados son las bases de una persona que quiera salir adelante.- Gracias a la construcción de escuela y la desentralización de centros educativos, hemos mejorado, pues han llegado recursos que ayudan para poder palear con los problemas y necesidades del centro, haciendo que nuestro centro en cada partida mejore la calidad educativa.
Escrito por Ángela Peña; http://www.hoy.com.do
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Gran maestro. En
Arístides García Mella brillaba el conocimiento: era matemático, físico y
escritor costumbrista. Pero sobre todo fue un gran educador, y a ello dio
toda su vida y sus mejores años, sacrificando muchas cosas.
Cuando murió, por su casa desfiló “toda la sociedad” invadida de duelo que se extendió a las aulas universitarias, la escuela secundaria, academias comerciales, en triste marcha fúnebre que recorrió la ciudad de Santo Domingo, enlutada por su partida. La Banda de Música acompañó multitud y féretro hasta la Catedral Primada y después al camposanto. Porque con el fallecimiento de Arístides García Mella quedaban huérfanos el hogar, la ciencia, el magisterio, las letras. La prensa recogió la noticia luctuosa con despliegue de primer plano dando cuenta, a través de telegramas y cables, del país conmovido por el inesperado desenlace. El maestro, recordado por una calle del Mirador Sur que antes debió haber estado en Gascue, fue eminente físico y matemático, consumado escritor costumbrista pero, más que todo, educador. Consagró 38 años, de los 56 que vivió, a enseñar. “No hay caso en la República Dominicana que supere esta vocación profunda por las aulas, heredada de su padre, aquel abnegado maestro de escuela que murió después de haber vivido dando clase a los niños”, escribió Américo Lugo. Tampoco, agregó, “brilla hoy en el país una mente más clara e ilustrada que la de Arístides García Mella, y si ello era acaso ignorado de algunos hasta ahora que la luz de ultratumba ha dorado su alta frente, débese sólo a la encantadora modestia que cubría como manto inviolable el abundantísimo tesoro de su saber”. Le atribuía a García Mella cuatro virtudes que según él no reunía ningún otro de la generación del insigne profesor: ánimo, inteligencia, sabiduría y elocuencia. “Pudo haber sido rico si hubiera podido dejar de ser desinteresado. Para haber sido famoso en las letras hispanoamericanas, sólo habría necesitado apartarse de la masa escolar. Prefirió deliberadamente lo que no da gloria ni riqueza sino pobreza y obscuridad, y agotó sus espléndidas fuerzas en la vía, en la blanda, en la misericordiosa labor de la instrucción”, declaró Lugo en semblanza que recogió Julio Jaime Julia en “Antología de Américo Lugo”. Arístides García Mella parece haber ambicionado, solamente, la riqueza del conocimiento, según las palabras de Lugo quien lamenta que éste dejara a su suerte a hijos y esposa. También fue prontamente olvidado. Aunque se designó una calle con su nombre al año de su deceso, la resolución, aparentemente no se ejecutó sino 42 años después. No es abundante, en otro orden, la información documental sobre su vida y su obra. “Peregrino prócer”. Luis David Arístides nació en Santo Domingo el 24 de septiembre de 1872, hijo de Moisés García Noboa y Gertrudis Mella Benzo. Se graduó bachiller en el colegio San Luis Gonzaga y años más tarde obtuvo licenciatura en ciencias fisicomatemáticas en el Instituto Profesional, donde también estudió para agrimensor público. Ejerció cargos técnicos municipales como agrimensor e ingeniero y luego se dedicó a la labor docente. Fue director de la Escuela Normal Superior y profesor y decano de la facultad de Ciencias Exactas, director de la Enseñanza Normal en la República Dominicana, de la “antigua Academia Militar” y de “La Preparatoria”. Al morir era Superintendente General de Enseñanza. Sus primeros ensayos literarios los publicó en “El Eco de La Opinión” bajo el pseudónimo de “Elpidio” con que dio a la luz “brillantísimos estudios de crítica que merecieron la más favorable acogida”, expresa Listín Diario de febrero de 1928. Después fue redactor de ese semanario, que dirigía Francisco Gregorio Billini. También colaboraba con “El Teléfono” y “La Cuna de América”. En 1906 fundó con Miguel Leopoldo Navarro “El País”. El 27 de febrero de 1928 se colocó un retrato del ilustre pedagogo en uno de los salones de la Escuela Primaria Superior “Leopoldo Navarro” porque fue él, “quien con sus esfuerzos y energías inagotables” construyó ese plantel “y no lo ha abandonado, lo cuida, lo vigila, lo alimenta, lo preserva de la destrucción o del aniquilamiento y quiere que como hijo de sus inspirados desvelos, se levante, y edifique a los nuevos hijos de su pueblo”, dijo en un discurso el profesor Ernesto J. Suncar Méndez, y añadió: “Él desea que eso se convierta en un modelo de escuelas y que de sus aulas bien nutridas salgan a la lucha de la vida los combatientes del porvenir, que ya se insinúan en este discipulado”. En la necrológica lo describían “padre de familia tierno, amoroso. Fue todo para su hogar”, además de amistoso y sociable. Estuvo casado con María García de la Concha, madre de sus hijos: Luis Arístides, Margarita, José Eduardo y Celeste. Entre sus libros publicados figuran: “Tiempo perdido” (Artículos literarios y de costumbres); “Conocimientos esenciales del idioma castellano” (Manual escolar de Gramática), editado en París; sus tesis “Sobre construcciones de cemento armado” y si “Resuelven las abejas problemas de máximos y mínimos en la construcción de sus panales”. Murió en la “Clínica Padre Billini” el 25 de febrero de 1929. Con motivo de su deceso Américo Lugo pidió: “Levantemos en nuestros brazos a este peregrino prócer de la enseñanza para presentarlo a la mirada de las generaciones futuras como ejemplo, guía, inspiración, norma, estrella, ideal...”. ¿Aplicación tardía? El 14 de agosto de 1930, el Ayuntamiento de Santo Domingo denominó Arístides García Mella, “la calle del barrio de Gazcue que comienza en la calle “César Nicolás Penson” y se dirige hacia el norte entre las calles “Doctor Delgado” y “Rosa Duarte”, pero resulta que, cuatro años más tarde, se le puso a esa vía “Galván”, en homenaje de recordación al celebrado autor del libro “Enriquillo”. ¿Llegó a ejecutarse alguna vez esa resolución edilicia que honraba a García Mella en ese sector? En 1972 fue nombrada con el nombre del insigne maestro la calle del Mirador Sur que nace en la “Ana Teresa Paradas” y termina en la “Avenida Presidente Antonio Guzmán” (Privada). |
Fue
un connotado profesor, periodista, escritor, matemático, agrimensor y
gramático. Un gran conocedor de la gramática y la lingüística. Eso le valió que
cuando fuera fundada el 12 de octubre de 1927, la Academia Dominicana de la
Lengua lo designó como uno de los 12 Miembros de número fundadores.
Hijo de los
señores Moisés García Noboa y de Gertrudis Mella Benzo. Nació en la ciudad de
Santo Domingo el 24 de septiembre de 1872. Su nombre completo era Luis David
Arístides García Mella. Dicha pareja casó el 3 de noviembre de 1866 y tuvieron,
además, los hijos: Tulio José Aaron, Antonia María Raquel, Ramón Moisés, Carmen
Graciela Enma, Ángel Efraín, Aqueda Aurelia y Antonio Eladio García Mella.
Estudió en la
Escuela Normal Superior de Santo Domingo, graduándose de Bachiller.
Escribió
artículos en los periódicos: El 23 de marzo de 1093, Listín Diario y otros.
Se graduó de
Agrimensor el 21 de enero de 1899 y más tarde de Licenciado en Matemáticas, el
2 de julio de 1907, ambas carreras los estudios en el Instituto Profesional de
Santo Domingo.
Contrajo
matrimonio con María García de la Concha, en 1907. (1)
Por muchos años
se dedicó al magisterio a impartir clases de matemáticas. Dirigió la Academia
Militar, en el Gobierno de Ramón Cáceres. También fue Director de la Escuela
Normal Superior de Santo Domingo; Superintendente General de Enseñanzas y
Profesor de Ciencias Exactas en el Instituto Profesional por algunos años.
Ocupó la Sindicatura de Santo Domingo, en 1912.
Dice el Lic.
Néstor Contín Aybar sobre él:
“En las letras
se distinguió como escritor de asuntos humorísticos y satíricos en que enjuicia
las costumbres nacionales, con estilo pulcro e ingenioso. Colecciono sus
trabajos en un volumen bajo el título de: Tiempo perdido (1905),
en el cual comentó irónicamente las características más sobresalientes de la
sociedad dominicana, haciendo resaltar sus vicios, principalmente, los que se
relacionan con la burocracia, con tonos encendidos de fino y suave sarcasmo…”
Completísimo tocayo” lo llamó por esta circunstancia y, además, por ser
homónimos, el gran escritor dominicano Arístides García Gómez”. (2)
Publicó tres
libros: Tiempo
perdido, en 1905; Sobre construcciones de cemento armado,
en 1907 (que fue su tesis de grado para la Licenciatura en Ciencias Exactas) y Conocimientos esenciales del idioma
castellano, editado en Paris, Francia, en el año de 1926.
El Lic.
Arístides García Mella falleció en la ciudad de Santo Domingo el 25 de febrero
de 1929.
Luis Arístides García Mella. Prócer de la enseñanza
dominicana
Luis David Arístides nació en Santo Domingo el 24 de
septiembre de 1872, hijo de Moisés García Noboa y Gertrudis Mella Benzo. Se
graduó bachiller en el colegio San Luis Gonzaga y años más tarde obtuvo
licenciatura en ciencias fisicomatemáticas en el Instituto Profesional, donde
también estudió para agrimensor público. Ejerció cargos técnicos municipales
como agrimensor e ingeniero y luego se dedicó a la labor docente.
Fue director de la Escuela Normal Superior y profesor
y decano de la facultad de Ciencias Exactas, director de la Enseñanza Normal en
la República Dominicana, de la “antigua Academia Militar” y de “La
Preparatoria”. Al morir era Superintendente General de Enseñanza.
Sus primeros ensayos literarios los publicó en “El Eco
de La Opinión” bajo el pseudónimo de “Elpidio” con que dio a la luz
“brillantísimos estudios de crítica que merecieron la más favorable acogida”,
expresa Listín Diario de febrero de 1928. Después fue redactor de ese
semanario, que dirigía Francisco Gregorio Billini. También colaboraba con “El
Teléfono” y “La Cuna de América”. En 1906 fundó con Miguel Leopoldo Navarro “El
País”.
El 27 de febrero de 1928 se colocó un retrato del
ilustre pedagogo en uno de los salones de la Escuela Primaria Superior
“Leopoldo Navarro” porque fue él, “quien con sus esfuerzos y energías
inagotables” construyó ese plantel “y no lo ha abandonado, lo cuida, lo vigila,
lo alimenta, lo preserva de la destrucción o del aniquilamiento y quiere que
como hijo de sus inspirados desvelos, se levante, y edifique a los nuevos hijos
de su pueblo”, dijo en un discurso el profesor Ernesto J. Suncar Méndez, y
añadió: “Él desea que eso se convierta en un modelo de escuelas y que de sus
aulas bien nutridas salgan a la lucha de la vida los combatientes del porvenir,
que ya se insinúan en este discipulado”.
En la necrológica lo describían “padre de familia
tierno, amoroso. Fue todo para su hogar”, además de amistoso y sociable.
Estuvo casado con María García de la Concha, madre de
sus hijos: Luis Arístides, Margarita, José Eduardo y Celeste.
Entre sus libros publicados figuran: “Tiempo perdido”
(Artículos literarios y de costumbres); “Conocimientos esenciales del idioma
castellano” (Manual escolar de Gramática), editado en París; sus tesis “Sobre
construcciones de cemento armado” y si “Resuelven las abejas problemas de
máximos y mínimos en la construcción de sus panales”.
Murió en la “Clínica Padre Billini” el 25 de febrero
de 1929. Con motivo de su deceso Américo Lugo pidió: “Levantemos en nuestros
brazos a este peregrino prócer de la enseñanza para presentarlo a la mirada de
las generaciones futuras como ejemplo, guía, inspiración, norma, estrella,
ideal...”.
La calle
El 14 de agosto de 1930, el Ayuntamiento de Santo
Domingo denominó Arístides García Mella, “la calle del barrio de Gazcue que
comienza en la calle “César Nicolás Penson” y se dirige hacia el norte entre
las calles “Doctor Delgado” y “Rosa Duarte”, pero resulta que, cuatro años más
tarde, se le puso a esa vía “Galván”, en homenaje de recordación al celebrado
autor del libro “Enriquillo”. ¿Llegó a ejecutarse alguna vez esa resolución
edilicia que honraba a García Mella en ese sector? En 1972 fue nombrada con el
nombre del insigne maestro la calle del Mirador Sur que nace en la “Ana Teresa
Paradas” y termina en la “Avenida Presidente Antonio Guzmán” (Privada).
Texto: Angela Peña
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